Dulces recuerdos


De Maria del Pilar García.

Mis recuerdos siempre me llevan a una infancia feliz. Nací en una familia grande, éramos siete hermanos, mis padres, mis abuelitos paternos y maternos siempre cerca a nosotros y la inigualable Ana, ¡nuestra nana! tan cariñosa, siempre dispuesta a todo lo que se le necesitara.

Mi papi en sus años mozos tenía una antigua camioneta Chevy negra de barandas, con unos enormes porongos, compraba la leche en establos y luego la vendía de casa en casa y como empezaba muy temprano (como a las 4 am.), los clientes le daban las llaves de sus casas y detrás de la puerta dejaban sus ollas, las cuales mi papi llenaba de leche con unos cucharones medidores; así dejaba 1,2 o 3 litros, según el convenio acordado.

Al atardecer, ya cansado y casi con toda su mercadería vendida, llegaba a casa a descansar y traer a mi mami la leche sobrante para que resolviera que hacer con ella, ya que no podía devolverla. Recuerdo que generalmente no sobraba mucho, pero había los días negros, era en esos días que todos ayudábamos. Habían muchos tiestos y ollas en casa para esos momentos y de pronto todos estábamos allí haciendo leche cortada, arroz con leche, mazamorra de leche, flan de leche, mantequilla, leche asada, manjar blanco, si era verano también hacíamos adoquines de leche con cocoa (en esa época no existían las bolsitas de chups). Ya los amigos y vecinos sabían: todos los días mucha gente llenaba nuestra cocina degustando los deliciosos postres que en casa se elaboraban. Era la época del 60, yo tenía como 8 añitos y me encantaba colaborar; sobre todo a lavar las ollas, ¡eso era todo un premio!, ya que siempre quedaban sobras de dulce pegadas en las ollas.

Al pasar el tiempo mi papi se asocio a la Familia Migone y crearon una gran lechería: "Leche La Colmena” y “Vigor”. Para ese entonces en casa se dejo de hacer tantos postres, pero igual mi mami los elaboraba para nosotros y yo la continuaba ayudando.

Cuando me casé, al quedar embarazada, tuve que dejar la Universidad y decidí estudiar algo. Recuerdo en esa época a las grandes maestras como Teresa Ocampo y Adela de Henriott, entre otras. Los mejores bombones los aprendí de ella! Luego me enteré que cerca a mi casa una señora peruana, que acababa de llegar de Inglaterra estaba dando clases de Alta Cocina y Repostería; no me imaginé nunca que eso iba a impactar tanto en mi vida. Era un grupo de señoras, que nos hicimos estudiantes a tiempo completo, tomábamos todas las clases, sus recetas eran estupendas. Aprendí a cocinar desde una langosta hasta dulces de convento. Allí aprendí a hacer el famoso “maná”; no fue fácil convencerla que nos lo enseñara, ella decía que lo había aprendido de las monjitas del convento. Fuimos varias de ese grupo que luego pondríamos nuestros negocios de pastelería fina.

Por los años 75 al 80 hacía mis postres en casa y los vendía primero en “La Preferida” donde ya mi esposo Marko era muy conocido en la zona de San Antonio y vendía mucha comida para llevar, así que incluyó de inmediato mis empanadas de carne, las cuales fueron un éxito. Tanto fue así que tuvimos que contratar a un panadero para que las hiciera allí mismo. Tuve que pelear mucho con él para que no cambiara mi receta y se vendían calentitas; nunca quedaba ninguna y el postre que gustaba mucho era el volador con manjar y la crema volteada. También vendía a otros restaurantes de éxito en esa época: La Dulcería, Antojitos en Miguel Dasso (ya no existen).

Ya en esa época tenía  cuatro personas trabajando a tiempo completo en mi casa y decidimos comprar un traspaso en Monterrico que era la Panadería “Pigus”. Con el tiempo la remodelamos y le cambie el nombre por “DUZKA Pastelería Fina". La palabra Duzka son las iniciales de mis tres hijos, lo cual me trajo mucha suerte ya que el negocio fue muy bien. Esto me permitió poder viajar, prepararme y estudiar en el extranjero, ya que en esa época no había ninguna escuela de repostería en el Perú. Así viaje a cursos, eventos, ferias, todo lo que veía que podía ser bueno para mi negocio, ahí estaba yo.

Por la época del 90, luego de un viaje a Alemania y Francia, traje moldes para chocolatería y repostería fina europea y empecé a hacer los postres congelados, mousses revestidos con chocolate decorados con filigranas. Aún nadie los elaboraba así; por lo que debía capacitar a nuestro personal para que lo hicieran correctamente y no bajaran la calidad.

Traje a Lima los primeros productos y moldes de Wilton (figuras en tortas), las primeras piletas para tortas de novia, los primeros adornitos plásticos para tortas como “blanca nieves y los 7 enanitos”, “equipos de futbol” y fue un éxito rotundo. Lo que más me gustaba era hacer tortas creativas infantiles! Es por eso que viaje a Argentina e hice cursos con la Sra. Martha Ballina (ella era una Arquitecta en tortas infantiles, las más hermosas que jamás he visto). En esta época era yo quien elaboraba las más lindas tortas infantiles en Lima. Fue una época muy productiva y siempre con la consigna de poner los mejores insumos, lo cual nos ha permitido mantenernos en el tiempo.

Me siento muy orgullosa de haber logrado un nombre en el mercado y haber mantenido en el tiempo una primerísima calidad de insumos.  A la vez estoy muy agradecida con los clientes por su preferencia a través de los años.